La prudencia también es una forma de firmeza

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La vida pública exige escuchar críticas, explicar decisiones y aceptar el escrutinio ciudadano. Pero también exige distinguir entre el debate legítimo y los señalamientos sin fundamento. Las diferencias no justifican poner en riesgo el buen nombre, la tranquilidad de una familia o la seguridad de una persona.

Ante los ataques que he recibido, quiero dejarlo expresamente claro: No soy un bandido, No soy corrupto, Ni soy guerrillero del ELN ni de ningun otro tipo de organización al margen de la ley. Rechazo categóricamente esas acusaciones. Mi trayectoria puede ser examinada y mis actuaciones pueden ser debatidas, pero cualquier señalamiento debe sustentarse en hechos y pruebas. Repetir una acusación no la convierte en verdad.

A mis 43 años, he dedicado 14 al servicio público, asumiendo cada responsabilidad con compromiso y respeto por la ciudadanía. Son años de experiencia y formación permanente para conocer el Estado y poner ese conocimiento al servicio del desarrollo de nuestros territorios. En el centro de mis actuaciones siempre estan las personas, sin distinción de raza, credo, convicción política o ideológica. Esa ha sido mi manera de entender el servicio público; trabajar con responsabilidad para todos y reconocer en cada persona la misma dignidad y el mismo derecho a encontrar oportunidades.

Actúo con prudencia y firmeza; Defenderé mi buen nombre y continuaré trabajando. La vida no debe detenerse por cada piedra que alguien arroja. Tengo una familia, responsabilidades y propósitos que merecen mi atención. Mi decisión es seguir adelante, sin permitir que los ataques definan mi camino ni que la indignación decida por mí.

A quienes me han expresado su confianza y solidaridad, gracias. Quienes me conocen han podido valorar mi recorrido; a quienes no, los invito a conocerlo y a formarse una opinión a partir de hechos. No pido estar por fuera de la crítica; pido que el debate se dé con responsabilidad y respeto.

Quiero expresar también mi respaldo a Lina María garrido, una profesional y líder araucana que ha alcanzado importantes logros y espacios a nivel nacional, algo que muchos han soñado y que siempre se ha deseado para el departamento. Su capacidad y trayectoria merecen reconocimiento, y las críticas a su labor deben sustentarse en hechos. Preocupa que sus avances parezcan incomodar a algunos y se conviertan en motivo de ataques directos o indirectos. Las diferencias y las pretensiones personales no deberían impedirnos reconocer el mérito de una mujer de nuestra región.

Arauca necesita un debate público que nos permita resolver problemas, reconocer capacidades y construir oportunidades. Podemos pensar distinto, cuestionar decisiones y competir por espacios de representación sin destruir la dignidad del otro.

Quienes hemos aspirado a ejercer un liderazgo político o social tenemos una responsabilidad especial con la palabra. Haber pedido la confianza de la ciudadanía implica también dar ejemplo en la forma de debatir, disentir y tratar a los demás. Esa responsabilidad permanece incluso cuando no se ocupa un cargo.

Antes de lanzar un juicio, debemos preguntarnos si tenemos cómo sostenerlo. Una publicación puede tomar segundos; el daño a una persona y a su familia puede durar años y ser incalculable. El reto y el mejor aporte que podemos hacer es contribuir al desarrollo de nuestra región desde todos los espacios, con argumentos, respeto y responsabilidad.